Equipaje alfabético en tercetos II

Apareciste rodeada de una energía propia del Siglo de Oro, en el que se hacía todo porque el mundo era finito y el camino se acababa. Las mariposas que gravitan a tu alrededor me contagiaron de colores y de un objetivo que quise para mí desde el primer momento: disfrutar de la vida sacándole todo lo que la cabrona no quiere darnos. Saliste de tu noche oscura repleta de dientes blancos y perfume de azhar, para recorrer el mundo y buscarte en cada rincón. Siempre estarás conmigo porque decimos lo que pensamos, derribando prejuicios; pidiendo perdón pero nunca permiso. Me llevo tus proyectos y tu fuerza, que hoy me sostienen más que nunca, tus manos recién hechas y tu enorme esperanza.

Hay un campo simbólico que nos dimos entre nosotros desde que nos sentamos juntos en las aulas de la Complu: la navegación. Y como al final todo es coherente, navegamos juntos mucho más allá de la isla del Papa Luna, mucho más allá de los libros y la cultura reproducida al infinito. Hay cafés que, para mí, tienen un sabor que no es de este mundo porque ostentan el color miel de tus ojos llenos de amor. De un amor que se abre a todos aún a tu pesar, porque vos y yo sabemos que nihil est qui nihil amat. Me guardé en secreto tu orgullo ancestral, el deseo de las buenas cosas, tu valentía para continuar la propia senda apartando el ruido de un exterior que contamina. Y como todavía hay justicia, serás feliz hasta sentir que te explota el cuerpo, cuadro que miraré deleitada, tomando un café que sabe solo a vos.

Compañera de andanzas como pocas, te vi hace seis años detrás de tu melena y tus ojos claros, doliéndote la boca de hablar esta lengua misteriosa y molesta que hoy nos une aún más. Fuimos como un aprendizaje, en el que la libertad aparece despacito a medida que nos vamos sintiendo seguras. Me mostraste un mundo paralelo en el que no hay nada más serio que los sombreros y los gatos, los baúles de mudanza y el verdadero amor. Y quise vivirlo con vos, escuchando tus búsquedas en todas las letras del alfabeto cirílico. Me quedé con tu laicismo honesto y tu sensibilidad, con tu ternura vestida de blanco y tus ganas de no meter nunca la pata. Hoy podemos decir que aprendimos nuestra lengua. Y que, afortunadamente, somos de esas excepciones que confirman las reglas.


Equipaje alfabético en tercetos

Después de Adele, retomo la promesa de la serie Equipaje de mano. postergada pero nunca olvidada. Acá van de a tres mis homenajes… Sabrán disculpar que no sean endecasílabos ni tercetos de verdad. Pero sí tienen alas y ya no son míos. Como decía mi amigo personal Ludwig Wittgenstein: Todo lo que en absoluto se puede decir, puede decirse con claridad, y de lo que no se puede hablar, sobre ello debemos guardar silencio. Hablo entonces de mis amigos, diciéndolos para mí.


El pedacito más lindo de Argentina, el más alegre, el que aguanta como una roca sin aristas los vaivenes de la envidia y la dificultad, ésa es ella. Con una mirada sin tiempo ni espacio porque de sus ojos surge esa claridad que derriba desamores y pesares. Porque siempre ha dicho que sí a todo, de verdad, con una fe reveladora y hecha carne. Contra el optimismo radical y estéril, a favor de la aventura y el reflejo honesto de uno mismo que, frente al espejo, siempre está solo. Me guardé su fidelidad y honor a sí misma, me la llevé conmigo.

¡Cuánto nos faltó! Me llenaste de risas y de belleza, de los gestos flexibles de tu piel joven y temeraria. De una apertura que lo quiere todo pero que solo deja entrar aquello que se atesora en lo más profundo. Sos una primavera permanente, completa de margaritas y libros, sin bichos, no. Completa de sabiduría y honestidad que es lo que te sostendrá el resto del camino. Me llevé tu audacia, tus ojos donativos, tu inteligencia. Se quedó conmigo el saberte compañera y quererte en mi vida.

Nos dimos de a poco, como todo lo bueno, uno al otro. Me diste lecciones del sabor de aquello que aparece naturalmente, como las arrugas y los años. Nos dimos nuestras diferencias como fuente de cariño y confianza, en forma de una intimidad masculina que me hacía falta desde otro lugar, que me hacía más yo. Me hice alumna de todo lo que te apasiona y no me dio vergüenza contarte algo de lo poco que sé. Que ahora es más porque te llevo conmigo, pase lo que pase.


Rolling in the deep

See how I leave with every piece of you
Don’t underestimate the things that I will do
There’s a fire starting in my heart
Reaching a fever pitch
And it’s bringing me out the dark


Equipaje de mano

Cuando se emprende un viaje transoceánico con aire de mudanza se nos activa un mecanismo lógico que desconocíamos.  Nos damos cuenta de lo que realmente significa la noción de espacio y despreciamos el valor puramente nominal que veníamos dándole.

Lo primero que se nos hace evidente es que no poseemos ningún recipiente adecuado para la cantidad de cosas que queremos llevarnos. Simplemente no existe y hay que aceptarlo con dignidad. Por consiguiente, activamos ese mecanismo discriminatorio (que todos llevamos dentro) y comenzamos a deshacernos de cosas varias, en una suerte de actitud abandónica que nos sorprende por reveladora. Nos vamos despojando, tan simple como eso. Y vamos entendiendo.

Así, en ese proceso con el que nos vamos familiarizando, tenemos cada vez más claro qué nos llevamos en lugar de darle entidad a aquello que estamos dejando. Lo que se va con uno es lo que de verdad ocupa un espacio que es, ya digámoslo, insustituible.

Por eso empiezo esta serie de entradas a las que llamo Equipaje de mano, para dedicar un guiño personal y único a lo que realmente ocupa lugar. A los mundos particulares que representan las personas que nos construyeron en un tiempo determinado del camino. Y que nos llevamos como las joyas o los documentos que nos acreditan, junto a nosotros, a nuestra vista, cerca, en el regazo íntimo que no queremos darle a nadie ni que nadie toque. Que es nuestro para siempre.


La Ida…. y la Vuelta

That’s it? Me preguntó J. anoche. Yes. Poco que agregar cuando las afirmaciones están bien puestas.

Llegó el momento, el tiempo, el ciclo, la cosecha…. Pero nada queda atrás. Se va todo conmigo. Me lo llevo. De hecho, me llevo tanto que el corazón me pesa. Le cuesta latir a ritmo. Está ancho de recuerdos y se agranda para los que vienen.

Me encantan las listas, lo saben. Me satisfacen muchísimo. Pero mi España no cabe en una lista. No hay manera de que encastre todo lo que siento en viñetas deslucidas de palabras que al final no dicen nada. Me abstengo, sí señor.

Me preguntan muchas cosas. Respondo muy pocas o casi ninguna. Es que no hay nada que explicar. Como la bella Zambrano, dejo mucho de lo que me traje y me llevo un mundo. Un país, un continente entero.

Arranca la vuelta. Ese volver que completa el círculo de un comienzo que viene empezando hace ya casi seis años.

Gracias a esta tierra maravillosa que me dejó sostenerme en ella, hoy lleno las maletas con la vida. E inauguro una nueva ilusión: no romper nunca la historia circular del ir y del venir; no instalar la ida ni la vuelta en un punto específico para que no puedan juntarse y anularme la esfera. Eso quiero. Que todo sea redondo. Que no se acabe.

Creo que ya empecé a cumplirlo.