The spoiled generation

Doña Pilar es una fuente de sabiduría inagotable. Es la primacía absoluta del sentido común, cuya cara amable arrecia entre los cartones de leche, el pan recién horneado y las coca-colas del almacén que regentea muy digna en frente de casa.

Tiene una hija que es funcionaria, que nadie puede echar a la calle y que, por tanto, se ha comprado un chalet de trescientos mil y pico que viene sin cocina ni muebles ni rejas en las ventanas que eviten la irrupción de barriobajeros amigos de lo ajeno (y el mal dormir de su madre).

La niña no gana poco, pero tampoco tanto. No tanto como para pagar la entrada del chalet, los tres primeros años de la hipoteca, los electrodomésticos de colores delcorteinglés y, por supuesto, las rejas de las ventanas. La pobre… y la crisis.

A Doña Pilar y a su marido les gusta ir a comer fuera de domingo en domingo, tomar el aperitivo y visitar a la familia de un pueblo de Salamanca. Pero es lo que tiene llevar adelante el negocio propio; hay que trabajar de sol a sol, de domingo a domingo.

Una o dos veces al mes, Doña Pilar le pide a su hija funcionaria que atienda el almacén en domingo para que ella y su padre puedan ir a comer fuera, tomar el aperitivo y, si el tiempo es indulgente, hacer visita relámpago a los primos de Salamanca.

Una o dos veces al mes, la niña le responde que quién la obliga a abrir los domingos, que es una fanática de la tienda y que a su edad más le valdría estar jubilada y hacer con su tiempo lo que le plazca. Al fin y al cabo, debería agradecer el hecho de no tener que mantener más a los hijos, que se han buscado la vida y tan bien les ha salido.

Doña Pilar suspira, frunce el ceño y me desea un buen 2012, mientras me pone el pan en una bolsa y esconde un polvorón de regalo, relleno de sentido común y de nostalgia.


Alfa y Omega

A todo principio le corresponde por necesidad un final. Por ejemplo, venir a la vida termina con el llegar a la muerte. O mantener suspendido el relato en el aire se acaba cuando las letras comienzan a caer una a una. O el ímpetu nómade se dulcifica cuando las voces hablan de la tierra. La interrupción es, por naturaleza, contingente. ¿Pero de qué otra cosa está hecha la conversación? Lo disruptivo configura la paleta de colores.

Cinco años y tres meses se diluyen entre la ida y la vuelta que esta bitácora ha intentado ser.

Quedan pocos meses españoles… Quedan muchos meses más…

Y vuelta a empezar.


Morfología del auxiliar

Ha pasado tanto tiempo que da miedo. Como dice mi colega M., cuando no hay nada que decir es mejor callar. Aunque a veces haya tanto guardado que sólo el silencio se hace válido interlocutor de palabras insuficientes. Me debía esta vuelta, de la misma manera en la que debo tantas otras cosas. Agradecimientos, dinero, fiestas de cumpleaños, paracaídas, libros, perdón, carcajadas, lemon pies, compañía, presencias. Las deudas se acumulan como las mariposas azules, pero esta vuelta quiere ser la pluma que tache de la lista una gratitud general atesorada durante estos meses e instalada en el recuerdo permanente.

De un oculto rincón del baúl de los recuerdos me traigo a Vladimir Propp, el formalista ruso que nos perseguía en los primeros años de la carrera con sus morfologías chaladas, aquellas que tanto influirían en el estructuralismo nuestro de cada día. En sus obsesiones, Propp revisa los cuentos populares rusos para encontrar, en su estructura interna, elementos constantes y reductibles a determinadas funciones siempre presentes. Utópicas ecuaciones morfológicas que pretenden explicar por qué  no nos libramos de las princesas rubias, los azules príncipes, las hadas madrinas y las brujas esquizofrénicas.

Propp, vestido de frac y perdido entre el humo del opio, consigue su objetivo y logra reducir categorialmente todas las acciones de los cuentos a 31 funciones constantes e inmodificables. La función 22, el socorro del héroe, tiene dentro varios actantes, es decir, figuras que dan cumplimiento a dicha función de manera camaleónica según lo pida la locura de la trama. Entre ellos están los Auxiliares Mágicos, los cuales ocasionalmente cumplen también la 14 que es la del Regalo.

Estas figuran, en su forma y en su sentido más profundo, fueron determinantes para mí estos últimos meses. Fueron como las lianas del Amazonas, que permiten con su oxígeno y calor que el ecosistema resista los cambios y siga nutriendo a sus habitantes. Sin ellas, la vida que debajo suyo se esconde zozobra y se expone al peligro de desaparecer, de transformar su verde limón en un marrón del que se ha ido toda posible alegría.

Cada uno y cada una merecería una entrada personal, íntima y cercana. Mis escasos talentos y mis más aún escasas fuerzas no me permiten honrarlos de ese modo. Sin embargo y dentro de las despóticas reglas que dirigen mi mundo literario, puedo declararlos aquí y ahora, con Dios de testigo, mis Auxiliares Mágicos exclusivos y únicos. Y agradecerles, con mis manos, que es todo lo que tengo.

E, J, M, A, S, S, M, N, S, C, F, V, A, M, M, F, S, Y, S, E, M, L, E, M, G, S, P, F, D, A, G, I, D, O, C, S, J, L….

Gracias.


Dance…dance.

Estoy mirando una peli que va de baile, hijos, matrimonio, deseos y amor. La vida, bah. Preciosa.
Hago memoria y de repente entiendo que la locura que tengo por la música y el baile, esa pasión crónica, me viene de verlos bailar algunas veces con verdadero corazón. De ahí viene, seguro.
Me entran unas ganas terribles de poner a Sinatra y dar vueltas con un vestido púrpura de falda plisada. Y de tenerlos conmigo para bailar juntos. Bailar como las burbujas de la sidra o el champagne que llena las copas en estos días, llenos también de ausencia y de esperanza. Llenos de todo. Vacíos de nada, aunque falten burbujas para que explote del todo el sabor.
Y los siento tan míos y tan suyos. Tan conmigo y tan sin mí.
Los siento acá dentro, bien en el medio del cuerpo, entre los años y el mapa desdibujado del futuro.
Me siento viajando por el aire, horas y horas suspendida en un tiempo que no pasa (pero que sigue su rumbo gris a pesar de mí). Llego volando para darles un beso prohibido mientras me dure el polvo de estrellas que Campanita derramó sobre mis ojos. Los veo y los abrazo rápido, que no tengo tiempo. Y vuelvo sin ser vista, para no interferir en el curso de la imposibilidad.
Me basta con imaginármelo -mentira-.
Me basta con tenerlos, eso sí.


Dedicada

Fue como una ráfaga que inmortalizó la terminal en una imagen blancoynegro. Un aire rioplatense que impregnó la casa desde esa tarde y para lo que dure la sierra. Unos ojos permanentes y llenos de luz en la inmensa oscuridad mora de sus círculos. Un espacio hinchado de yerba y chocolate, con flores de lavanda y perfume de romero. Un soporte de piedra gris y terracota, firme y marfíleo y audaz. Un lanzamiento de llamas tenues para quemar los miedos sin calcinar la fuente. Una verdad llena de sentido para batallar con la ausencia. Una noche eterna de café. Algunos ojos celestes y verdes frente a la experiencia. Una canción y un tango inéditos. Líneas de humo para ambientar las fotos que se guardan. Un rincón que aparece para mostrar lo que no se buscaba. Y un inesperado hotel. El silencio profundo que contagia. La poesía de un sol apagado que espera el turno de salida. Y un sueño conjunto tejido en broderie francés y adolescente. Un sorbo de jugo de naranjas naturales cosechadas en la historia de un camino que se entiende cada vez más. Una pizca de pimentón dulce y un mollete salpicado de amigos. Una necesidad y una certeza. Veintidós días de aurora.